De color amarillo con destellos dorados, sorprende desde el inicio con una espuma abundante y festiva. Su nariz es austera, pero al abrirse revela notas de pan de campo, tierra húmeda, pétalos de flor de azahar y bizcocho remojado en licor. En boca, emergen sabores de manzana verde y dulce de membrillo maduro, que dan paso a un dejo de cáscara de nectarines. La acidez se mantiene filosa tras nueve años en botella, enmarcando una fruta potente y natural. Es, sin duda, un espumante vigoroso del secano profundo: rústico y sabroso, ideal para disfrutar en días de calor.
100% País