Nariz fresca y vibrante, profundamente inspiradora, llena de campo: flora nativa, arcilla, polvo seco, cardamomo, frutillas, guindas y un leve toque especiado de fondo. En boca, el ataque es sumamente equilibrado, todo en armonía. La cereza y la guinda madura se integran con notas de hierbas del campo y dulce de membrillo. Tiene el punto justo de dulzor en una estructura de media a ligera, con taninos aterciopelados y un sutil agarre que acompaña un jugo sabroso y evocador. Leves toques ahumados hablan de su carácter: un vino del Itata profundo, con identidad, personalidad y para saborear con calma, casi para masticar.
70% Cinsault, 30% País